Panama Summer (Guaka Guaca)

Ensueños. El comi(ng) of dreams 

Sueñas con una máquina generadora de slogans. 

Panama Crossroads of the World. Where the world meets. My name is Panama…

Los escuchas y te hierve la sangre. La radio. Cambias la emisora. ¡tá-tá, tá-tá! ¡ch-ch-ch! what a fool you are, you give your heart to Gloria ¡tá-tá, tá-tá! ¡ch-ch-ch! Lord Cobra suena que suena. Un sonido incendiario. Bajas la ventana. La brisa del Pacífico te acaricia. ¿Pa’ onde voy? A right hand. a-rai-jan. ¿Arraiján? Subes la ventana y agarras el embrague. Llegas a una tiendita, nadie se parece a tí y nada se parece a nada. Un green-go te muestra pasillos repletos de cajas de cartón. Processed and Bottled by The Panama Canal Company. Homogeneizado. Pasteurizado. Te lo tragas de un pencazo. Enviciado. Sabes que harás lo que sea pa’ volver a toma’ esa misma caja de cartón. Y Lord Cobra suena que suena.

La Zona del Canal operaba como una entidad exógena al istmo de Panamá, que reproducía las estructuras de segregación heredadas de las Leyes de Jim Crow, del Sur profundo de los Estados Unidos de América. Los comisariatos funcionaban como centros de abastecimiento para trabajadores, residentes y militares del enclave colonial, donde podían adquirir productos de uso diario a bajo costo y sin impuestos.

Como todo lo que estaba contenido en la zona, estas mercancías adquirían una lógica de exclusividad. Para los zonians, los productos del comisariato permitían reproducir la cultura de consumo estadounidense en el trópico. Fuera del enclave su accesibilidad contribuía a convertirlos en objetos de deseo: mercancías que prometían, además de su utilidad, una imagen de modernidad, abundancia y bienestar. En consecuencia, se desarrolló en torno a ellas una economía de contrabando.

Utilizando el comisariato como objeto de estudio, el maestro de arte contemporáneo Aristides Ureña Ramos y la artista Momo Magallón emplean fuentes vivas y documentos históricos para crear un imaginario visual que expone las contorsiones de los sistemas de circulación del deseo bajo el colonialismo. 

Ureña Ramos contrasta la estética victoriana asociada al sur de los Estados Unidos –con su opulencia, teatralidad y códigos de distinción– con la naturaleza cálida, húmeda y exuberante del trópico. El Canal y los comisariatos aparecen como estructuras espectrales que intentan organizar las formas de vida en un paisaje fantástico que no se deja contener.  Magallón, por su parte, construye una imagen imposible de un deseo que no podía ser publicitado a las masas. Toma elementos simbólicos de anuncios panameños de productos equivalentes y los desplaza a las mercancías del comisariato, creando una composición yuxtapuesta que se aproxima a un recuerdo en construcción. 

Posicionándose desde la subjetividad híbrida que genera el colonialismo, Ureña Ramos y Magallón reconocen que el pasado no puede ser observado desde afuera, y que esta experiencia todavía influye en nuestra cotidianidad. Seguimos siendo sujetos de un régimen del deseo que hemos heredado.

Y Lord Cobra suena que suena.

Artistas

Aristides Ureña Ramos

Momo Magallón

Curaduría 

Liz Lasso

Directora Fundación Aristides Ureña Ramos

Patricia Ku

Montaje

Instalart

Diseño de catálogo

Liz Rodriguez

Agradecimientos 

Rodrigo “Cañita” Correa, Orlando Acosta, Raúl Castro Zachrisson, Eva de Nieto, Felipe Gómez,  Ana Elena Garuz, Adelcio A. Guainora, Ana Lasso, Miguel Magallón, Ivis Moreno, John Myvett, Soldimar Nieto, Amelie Reboulet, Sale y Dax.

En memoria de Rubén Darío Murgas Torraza (1949-2026) quien contribuyó con su testimonio para la investigación de este proyecto.